¿Qué pasa con los animales en un divorcio?

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Las mascotas son esos seres tan queridos que nos acompañan a diario y nos dan afecto. Por ello, en caso de divorcio pueden ser motivo de fricción entre ambos cónyuges, ya que cada uno quiere quedarse con ellas. Para que sepas cómo está la cuestión, vamos a explicarte qué pasa con los animales en un divorcio.

La situación hasta este año

Hasta el presente año, la mascota era considerada como una propiedad más a la hora de hacer el reparto en un divorcio. Se le atribuía un valor económico y quien se quedaba con ella debía abonárselo al otro, si este último era su dueño. Incluso, en algunos casos, no permanecía con ninguno de los dos. Era vendida para evitar disputas entre ambos.

Esta situación era, a todas luces, un sinsentido. Las mascotas son seres vivos y deben ser consideradas como tales. Y esto implica que, en caso de divorcio, deben tener un tratamiento distinto al de un coche o un piso. Para corregir este error, se ha cambiado la legislación.

Un nuevo tratamiento de las mascotas

Al calor de numerosas campañas de entidades animalistas, desde el cinco de enero de 2022 las mascotas son consideradas seres vivos y, además, dotadas de sensibilidad. Por tanto, han dejado de ser tratadas como cosas y esto también afecta a los divorcios.

En estos, la mascota del matrimonio pasa a ser un punto a tratar en el convenio regulador de la separación legal. En él tienen que figurar quién se queda con su custodia, el régimen de visitas y cuál de los cónyuges debe hacerse cargo de su mantenimiento.

Incluso la ley ha añadido un nuevo supuesto en cuanto a la mascota de la familia que afecta a la custodia de los hijos. Dice que, cuando se aprecian malos tratos hacia la primera con objeto de hacer daño al cónyuge o a los propios hijos, no procederá la custodia compartida de estos últimos.

Por otra parte, puede ocurrir que no haya acuerdo entre los cónyuges sobre la mascota o que el pacto alcanzado se considere perjudicial para ella. En tal caso, el juez encargado de la separación podrá dictaminar las medidas que crea oportunas para el bienestar del animal. Todo ello respetando el interés de los litigantes. Asimismo, quedará constancia de lo decidido por la autoridad judicial en el registro de identificación de la mascota.

Finalmente, las medidas contempladas en el convenio regulador o en la sentencia de divorcio podrán ser modificadas. Esto sucederá cuando la mascota tenga nuevas necesidades o cuando cambien las condiciones de los divorciados. Para ello, los interesados tendrán que instar un proceso de modificación de esas medidas.

En conclusión, te hemos explicado qué pasa con los animales en un divorcio. Hasta principios de este año, se encontraban en una situación absurda, al ser considerados un objeto propiedad de la pareja. Sin embargo, ahora están más protegidos por la ley, que prohíbe su utilización como mercancía e incluso su embargo ante una deuda.

 

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