¿Influye la infidelidad en la custodia de los hijos?

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¿Influye la infidelidad en la custodia de los hijos?

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La infidelidad es uno de los principales motivos de divorcio para muchas parejas. Las consecuencias de este acto pueden llegar a ser muy complicadas para ambos cónyuges, e incluso afectar a los hijos. Cuando se va a llevar a cabo un divorcio y hay hijos menores de por medio, una de las dudas que pueden surgir en el procedimiento es si esa infidelidad afecta de alguna manera a la hora de repartir la custodia. Por eso, como especialistas en divorcios express, queremos ahondar en este tema para despejar todas las dudas al respecto.

La infidelidad no influye en la custodia de los hijos

Lo primero que debemos tener en cuenta, es que las causas del divorcio no importan en la regulación actual, puesto que cualquiera de los cónyuges puede pedirlo sin necesidad de dar un motivo. De hecho, el único requisito para divorciarse, es que hayan pasado tres meses desde la celebración del matrimonio. Por lo tanto, la infidelidad no influye a la hora de divorciarse, ni a la hora de crear el convenio regulador.

Cuando hay hijos en común, el divorcio puede convertirse en un proceso largo y complejo, pero el hecho de que el motivo del mismo sea una infidelidad, no influye en absoluto para la custodia. Según como se entiende el divorcio en nuestro Derecho, ser infiel a la pareja no tiene impacto ninguno en los derechos y obligaciones como padres, y no está reñido con ser un buen padre o madre.

Hoy en día ya son habituales las custodias compartidas, y, en aquellos casos en los que la custodia del menor se concede a uno de los progenitores, no es una decisión que se hace teniendo en cuenta si ha habido una infidelidad en el matrimonio. En estos casos, las razones por las que se concede la custodia son otras, y están relacionadas con la conducta que tienen los padres con los hijos, si los niños están bien atendidos, la estabilidad, etc.

Solamente puede llegar a considerarse la infidelidad a la hora de conceder la custodia a una de las partes, cuando la nueva pareja pueda perjudicar de alguna forma al menor. Por ejemplo, si se trata de una persona agresiva o inestable, o que consuma sustancias dañinas, entre otras cosas, pero el motivo nunca será la infidelidad en sí.

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